Desde más o menos siete años me volví aficionado de la música. No me refiero a oír la radio, ver canales de música y comprar uno que otro disco, no. Me refiero a analizar las canciones, la letras, los instrumentos, etc. A los 14 años empecé a tocar batería, ya son 5 años con dicho pasatiempo, el cual me ha dado uno que otro gritó de mi hermana por el ruido, pero muchos felicitaciones por mi habilidad. He tocado en una que otra banda y me he presentando en vivo en algunos eventos, además de grabar unas canciones con unos amigos; nada muy serio, pero siempre entretenido. Un par de años después empecé a tocar guitarra, con igual pasión que la batería.
Con el paso de los años he compuesto algunas canciones solo para mí mismo o en ocasiones llega a los oídos de otras personas. A pesar de mi amor y pasión por la música, no me miro a mí mismo como un músico que gana millones o llena estadios, etc. Ese, simplemente no es mi sueño. Yo sería feliz tocando en una banda en un bar o restaurante de vez en cuando. Pero sí quisiera escribir, componer e interpretar mis propias canciones. Grabar discos, pero no a gran escala, no me emociona la fama internacional.
Uno de los géneros que me gusta mucho es el Jazz, y gracias a ese género nace esta entrada. Hace unas semanas viendo videos de jazz, encontré uno muy peculiar. Era un percusionista sentando en lo alto de una montaña con algo sobre sus piernas, fue algo difícil de descifrar ya que nunca lo había visto. Parecía un platillo volador invertido. Mi curiosidad me hizo ver el vídeo. Era una especie de plato es cierto, pero tenía pequeños hundimientos alrededor del mismo, cada uno, al ser golpeado, causaba un nota y un sonido diferente. Sonaba muy hermoso. A los pocos segundos de ver el vídeo, supe que quería uno. No pensé que fuera a costar más de mil quetzales, más o menos. Resultó siento no solo más caro, si no que además casi imposible de obtener.
La historia es la siguiente:
Dos amigos de suiza, amantes de la música y la percusión crearon este instrumento, con el que trabajaron alrededor de 25 años. Los dos creadores de este instrumento, llamado "hang drum", no vendieron la idea a ninguna distribuidora mundial, a pesar de las ofertas. El proceso para obtener uno es muy difícil. Va más o menos así: hay que ir a suiza, al taller donde los fabrican. Realizar una entrevista con los creadores para ser considerado en una lista de espera, que aproximadamente dura un año, ya que se crean solo 400 cada años. Si uno es considerado en la lista, tiene que volver seis meses después a Suiza a recoger el instrumento, ya que se han reusado a enviarlo por correo. Por lo tanto, probablemente me quedaré con el sueño de tener uno por varios años.
Se han creado versiones similares al "hang drum", pero con ciertos errores y fallas, todos ellos todavía no se encuentran en Guatemala, así que estoy años y kilómetros lejos de mi sueño.
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